El corazón en bicicleta

Hay muchas maneras de pedalear: lento, rápido o super rápido. Pero también se puede pedalear con el corazón y una muestra es la más reciente salida de La Sinfonía del Pedal, que transcurrió por las carreteras de Subachoque.

¿Qué es pedalear con el corazón? Es disfrutar cada escenario del paisaje que encontramos el camino, respirar el aire del campo, poner en marcha toda la motivación deportiva, compartir con los integrantes del grupo que hemos elegido y, sobre todo, vivir el presente continuo.

¿Presente continuo? Sí, como el ING de la gramática inglesa, viviendo, haciendo, existiendo, respirando. Es un estado pasajero en el que nos olvidamos del pasado y del futuro para entregarnos exclusivamente al placer del ciclismo.

Con esa perspectiva, los integrantes de la Sinfonía del Pedal empezaron el recorrido en la bomba Los Pinos, en Siberia. La corriente habitual de ciclistas los domingos, nos arrastró hasta Puente Piedra, punto de reagrupamiento.

En adelante, los paisajes imponentes de la sabana de Bogotá llenaron los ojos de los pedalistas, que estuvieron muy atentos a los numerosos y peligrosos huecos. Los sentidos estaban encendidos.

En breve, el grupo coronó el repecho que antecede al parque de Subachoque. Como es acostumbrado, algunos subieron con holgura, mientras otros dieron su primera gran lucha del día.

La benevolencia del clima fue protagonista, pues el sol se impuso toda la mañana. Sus rayos embellecieron el camino que conduce a Pradera, un corregimiento de Subachoque, a tan solo 10 kilómetros.

Ese segmento está plagado de repechos, es decir, subidas y bajadas cortas y seguidas que van minando la fuerza de las piernas. No obstante, los participantes llegaron pletóricos al punto de retorno.

El trino de las aves, los mugidos de las vacas y todos los matices del color verde en los campos acompasaron los pedalazos del regreso. Empujados por el afán del desayuno, los ciclistas llegaron al instante a Subachoque, donde compartieron las arepas de Doña Blanca, las más ricas en Cundinamarca y sus alrededores.

Tras enriquecedoras conversaciones y altisonantes carcajadas, el grupo pedaleó los últimos 25 kilómetros. Divididos en mil pedazos, cada uno pudo, luchó contra el viento en la autopista Medellín o calle 80.

¡Esperamos repetir!

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