Embalse del Neusa, un reencuentro con la vida

Embalse del Neusa, un reencuentro con la vida

El Embalse del Neusa es un destino para toda clase de ciclistas. Su cercanía a Bogotá hace de este lugar una meta ideal para los que desean una ruta mayoritariamente plana y una escalada de mediana dificultad. Así fue nuestra experiencia.

Bogotá, 22 de febrero de 2021. Bogotá es una ciudad privilegiada. Los páramos que la rodean la prodigan de agua potable en cantidades. Además de los ríos y quebradas, la metrópoli está cercada por los embalses de La Regadera, El Muña, San Rafel, Tominé, El Sisga y El Neusa. Nuestra ciudad debería ser la capital mundial del agua.

A pesar de que en muchas ocasiones habíamos visto el Neusa, desde el Alto de Margaritas, nunca nos habíamos aproximado al embalse inaugurado en 1952 con el fin de beneficiar a los municipios circundantes de Zipaquirá, Cogua y Tausa.

La Sabana de Bogotá y Cundinamarca son fuente casi inagotable de rutas para los ciclistas, pues cunado pensamos que ya hemos hecho todos los trazados, surgen nuevos destinos o nuevas conexiones.

Recorrido mayoritariamente plano

La jornada inició en la Autopista Norte, muy cerca al puente Andes. Una leve llovizna había entrapado el pavimento y las nubes gobernaban el espacio, un castigo para los pedalistas que mayoritariamente prefieren el sol.

A una velocidad constante, como sacudiéndose la pereza, el grupo transitó por la vía principal hacia Zipaquirá. El ritmo permitió sendas conversaciones entre los participantes que ‘adelantaron cuaderno’, mientras sobrepasaban o eran dejados por otros grupos de aficionados al pedal.

Muy pronto, el lote pasó el puente que permite continuar por la variante y evitar el ingreso a Zipaquirá. En todo ese tramo, los gigantescos potreros adornados con vacas, caballos y grandes pintos alegraron el espíritu de los deportistas que avanzaban con el apoyo logístico de la Sinfonía.

Alto del Neusa

Según Strava, el Alto del Neusa tiene 6.9 KMS al 5.2% y 359 metros de ganancia, repartidos así: Un primer tramo de 3.5 kilómetros al 6.1% de dificultad promedio. El ascenso inicia en el Parque del Río Neusa, sobre un pavimento en perfectas condiciones. La dificultad va en aumento en cada curva y contra curva.

Como puntos de referencia, en este segmento, encontramos unos cuantos metros adoquinados y una casa bellamente erigida sobre un pedazo de roca. De principio a fin, hay negocios de toda clase.

Posteriormente, encontramos un trecho de 1.6 KMS al 8% de dificultad promedio. En este sector de la subida, no solamente están las curvas más duras del 9 y el 12%, sino que el pavimento está deteriorado. Un punto de referencia es una antena gigantesca que poco a poco va quedando abajo.

La parte final tiene 1.5 KMS que no dan tregua, un intervalo que nos permite ver tanto la carretera que hemos dejado en lo más profundo de la sabana, como el punto final de la subida. El porcentaje de dificultad promedio es de 6.0%. Tras coronar el Alto, los ciclistas aún tienen 1.3KMS de descenso para llegar al borde el embalse del Neusa.

“La magia del Neusa nos esperaba con su belleza exuberante, detrás de las montañas que lo bordean. Un puerto que se escala con la ansiedad de llegar a divisar un paisaje ancestral. Ruta muy recomendada”, comentó Javier Sánchez, nuevo amigo de la Sinfonía del Pedal.

Regreso por el Taj Mahal

Hecha la respectiva sesión de fotos, el grupo regresó a Bogotá por la variante que comunica a Zipaquirá y Briceño. A pesar de que el pavimento está deteriorado, el desvío es una buena opción para conectar con la Autopista. De camino, nos encontramos la imponente réplica del Taj Mahal del Parque Jaime Duque.

Para finalizar, algunos desfogaron toda su energía en un intervalo de velocidad, entre Briceño y Almaviva. De esta manera, la salida tuvo de todo un poquito y los rostros se llenaron de alegría.

“Gracias totales, disfrutamos la ruta en compañía de grandes amigos; se conocen nuevas rutas con paisajes únicos y que gran grupo de ruta, un placer conocerlos”, concluyó Iván Linares, un ciclista que combina la ‘candela’ con el gusto por el paisaje la exploración de nuevas rutas.

Agradecimientos: Katerine Suárez Vanegas (fotografía), Jaime Bautista (conductor y guía) y David Triana (ciclista guía)

Escrito por: César Augusto Penagos Collazos

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